Había una vez
Una niñita de coletas que lloraba sin parar
Alguien se acerco y simplemente la abrazo
-qué te pasa preciosa?
Nadie me quiere, nadie me aprecia, yo no quiero estar aquí
Suspiro entre lágrimas.
Que quieres? Preguntó
Quiero..., quiero ser mayor, contesto
La señora saco un pañuelo de su bolsillo
Sonó todos esos mocos y
Sin separarse de ella, la agarro por la mano y le dijo:
_ Tú no te sueltes, yo cuidare de ti.
Pasaron 30 años o más desde aquel día y así fue.
Aquella mano firme y cariñosa,
Aquella mano llena de caricias...
Saco muchas veces el pañuelo, para sonar los mismos mocos.
Se levanto miles de mañanas, para despertar a su princesa caída.
Lloro al verla triste y afligida,
Comprendió y lucho contra su dolor,
Y la llevo con orgullo a su lado,
Enseño lo bueno de las personas, y a ser una de ellas.
Lo bueno que hay cada día, cuando uno se levanta.
A luchar por los demás, Sin pensar en uno mismo
Enseño todo lo que debe saber una persona de bien,
A perdonar; y enseño algo muy importante,
Que la ya no niñita, aprendió cuando ella murió
Y es que, no se debe vivir de malos recuerdos,
Hay que olvidar lo que nos hace daño, perdonarlo.
Que solo quede el aprendizaje de lo que no hemos de repetir,
Que padres no son solo los que te dan la vida.
Que una sonrisa, gana batallas.
Que un sentimiento optimista, hace la vida mejor.
Que somos capaces de superarlo todo, y digo TODO,
A sabiendas que hay cosas muy duras en esta vida.
Que cuando te levantes cada mañana, tengas la sabiduría
Que no tenías la noche anterior, y sepas dar antes de pedir.
Ella así lo hizo, así fué, dio todo a cambio de nada,
Siempre hay una puerta, siempre hay un momento,
No pidas, olvida lo malo, hazlo por ti.
Siempre es AHORA
Sonríe siempre y se feliz
Una niñita de coletas que lloraba sin parar
Alguien se acerco y simplemente la abrazo
-qué te pasa preciosa?
Nadie me quiere, nadie me aprecia, yo no quiero estar aquí
Suspiro entre lágrimas.
Que quieres? Preguntó
Quiero..., quiero ser mayor, contesto
La señora saco un pañuelo de su bolsillo
Sonó todos esos mocos y
Sin separarse de ella, la agarro por la mano y le dijo:
_ Tú no te sueltes, yo cuidare de ti.
Pasaron 30 años o más desde aquel día y así fue.
Aquella mano firme y cariñosa,
Aquella mano llena de caricias...
Saco muchas veces el pañuelo, para sonar los mismos mocos.
Se levanto miles de mañanas, para despertar a su princesa caída.
Lloro al verla triste y afligida,
Comprendió y lucho contra su dolor,
Y la llevo con orgullo a su lado,
Enseño lo bueno de las personas, y a ser una de ellas.
Lo bueno que hay cada día, cuando uno se levanta.
A luchar por los demás, Sin pensar en uno mismo
Enseño todo lo que debe saber una persona de bien,
A perdonar; y enseño algo muy importante,
Que la ya no niñita, aprendió cuando ella murió
Y es que, no se debe vivir de malos recuerdos,
Hay que olvidar lo que nos hace daño, perdonarlo.
Que solo quede el aprendizaje de lo que no hemos de repetir,
Que padres no son solo los que te dan la vida.
Que una sonrisa, gana batallas.
Que un sentimiento optimista, hace la vida mejor.
Que somos capaces de superarlo todo, y digo TODO,
A sabiendas que hay cosas muy duras en esta vida.
Que cuando te levantes cada mañana, tengas la sabiduría
Que no tenías la noche anterior, y sepas dar antes de pedir.
Ella así lo hizo, así fué, dio todo a cambio de nada,
Siempre hay una puerta, siempre hay un momento,
No pidas, olvida lo malo, hazlo por ti.
Siempre es AHORA
Sonríe siempre y se feliz
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